Domingo XXVII da. (Lc. 17,5-10)
El Pueblo judío exaltaba a Abraham como el Padre de los
creyentes y a Moisés como el amigo y siervo de Dios. El pueblo realizo una
Alianza y la fidelidad era la condición para su progreso y bien . Cuando caían
bajo el dominio de enemigos lo consideraban como un castigo de sus
infidelidades, otros como providencia de Dios para salir adelante como los
Herodianos. En tiempos de Jesús a las exigencias habían aumentado muchas
normativas y eran tan numerosas que hacía una vida insoportable e imposibles de
cumplirlas. La fe paso a entenderse como el cumplimiento de normas, preceptos,
ritos y otras exigencias dadas por las autoridades religiosas. El aparente
cumplimiento y expresión de fe quedó reducido en grupos selectos, los celosos
fariseo y monjes esenios de Qumran. La gente sencilla quedaba relegada y hasta despreciada
como aquel fariseo rezando en el templo exaltándose de no ser como el que se golpeaba
el pecho por sus pecados. ¿Que veían en Jesús? ¿Por qué lo seguían? ¿Era un simple
maestro de verdades abstractas y conductas? ¿Fortalecía las enseñanzas de los
escribas y fariseos?¿llevaba a las gentes en peregrinación al templo de Jerusalén?
De las autoridades religiosas recibía condenas por la libertad de su
comportamiento y mensajes... buscando el bien de los hombres entendiendo que el
sábado era para el hombre un tiempo de descanso y dedicado a la familia y a
Dios y no el hombre esclavo del sábado. Lo seguían gente sencilla, pobres, pecadores,
prostitutas, recaudadores, endemoniados, leprosos y enfermos... gente condenada
por las autoridades religiosas...semillando en todos ESPERANZA. Mostrando a un
Dios Padre Misericordioso que desea el bien para todos y no condena. Seguían a Jesús
por su enseñanza nueva y libre...pero algo más despertaba en ellos y era su
PERSONA... algo más los atraía, seducía, irradiaba... Junto con sus PALABRAS
realizaba SIGNOS que eran esperanzadoras. Juan Bautista manda a sus discípulos
preguntar a Jesús si era El a quien debían esperar, quien era realmente
"decidle a Juan lo que han OIDO y VISTO, los ciegos ven, los paralíticos
caminan, los leprosos son purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan y
la Buena Noticia es anunciada a los pobres"(Mt.11,4ss). Jesús era el
esperado, en su enseñanza y signos exige una respuesta distinta que a los
magistrados, escribas y fariseos. Tenían que dar un asentimiento total, de todo
el hombre, sin dudar, era un salto muy grande. Aceptar revelaciones que no entendían,
superaban sus inteligencias. Misterios muy elevados dichos con palabras
sencillas. Jesús era distinto, "manso y humilde de corazón" pero
cuando reaccionaba era fuerte y decidido como a los mercaderes del templo y
ante la dureza de los fariseos. En El encontraban esperanza, consuelo, fortaleza,
sanidad total, misericordia, paz, armonía, Alguien que deseaba el bien para
ellos, una vida más humana y dichosa, más justa y fraterna. Era para todos y no
para un grupo selecto, privilegiado. Ya no era creer en algo ni actos
determinados sino creer en ALGUIEN que revela ALGO, mensaje creíble y deseado
por todos, un Dios Padre que desea el bien para todos, que somos valiosos y
amados por El. Llenaba los corazones de paz y respuesta generosa. Hoy que
vivimos un tiempo de crisis religiosa necesitamos volver a las fuentes, mensaje
esperanzador, sencillo, creíble para la cultura moderna. Volver a Jesús y su
mensaje evangelizador. "Señor Jesús, Maestro de vida y generoso en el amor
por los hombres más necesitados, aumenta nuestra fe, purifícalos de tantos
agregados por el deseo de una seguridad y amor a Ti".

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