domingo, 6 de octubre de 2019

AUMENTANOS LA FE



Domingo XXVII da. (Lc. 17,5-10)
El Pueblo judío exaltaba a Abraham como el Padre de los creyentes y a Moisés como el amigo y siervo de Dios. El pueblo realizo una Alianza y la fidelidad era la condición para su progreso y bien . Cuando caían bajo el dominio de enemigos lo consideraban como un castigo de sus infidelidades, otros como providencia de Dios para salir adelante como los Herodianos. En tiempos de Jesús a las exigencias habían aumentado muchas normativas y eran tan numerosas que hacía una vida insoportable e imposibles de cumplirlas. La fe paso a entenderse como el cumplimiento de normas, preceptos, ritos y otras exigencias dadas por las autoridades religiosas. El aparente cumplimiento y expresión de fe quedó reducido en grupos selectos, los celosos fariseo y monjes esenios de Qumran. La gente sencilla quedaba relegada y hasta despreciada como aquel fariseo rezando en el templo exaltándose de no ser como el que se golpeaba el pecho por sus pecados. ¿Que veían en Jesús? ¿Por qué lo seguían? ¿Era un simple maestro de verdades abstractas y conductas? ¿Fortalecía las enseñanzas de los escribas y fariseos?¿llevaba a las gentes en peregrinación al templo de Jerusalén? De las autoridades religiosas recibía condenas por la libertad de su comportamiento y mensajes... buscando el bien de los hombres entendiendo que el sábado era para el hombre un tiempo de descanso y dedicado a la familia y a Dios y no el hombre esclavo del sábado. Lo seguían gente sencilla, pobres, pecadores, prostitutas, recaudadores, endemoniados, leprosos y enfermos... gente condenada por las autoridades religiosas...semillando en todos ESPERANZA. Mostrando a un Dios Padre Misericordioso que desea el bien para todos y no condena. Seguían a Jesús por su enseñanza nueva y libre...pero algo más despertaba en ellos y era su PERSONA... algo más los atraía, seducía, irradiaba... Junto con sus PALABRAS realizaba SIGNOS que eran esperanzadoras. Juan Bautista manda a sus discípulos preguntar a Jesús si era El a quien debían esperar, quien era realmente "decidle a Juan lo que han OIDO y VISTO, los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres"(Mt.11,4ss). Jesús era el esperado, en su enseñanza y signos exige una respuesta distinta que a los magistrados, escribas y fariseos. Tenían que dar un asentimiento total, de todo el hombre, sin dudar, era un salto muy grande. Aceptar revelaciones que no entendían, superaban sus inteligencias. Misterios muy elevados dichos con palabras sencillas. Jesús era distinto, "manso y humilde de corazón" pero cuando reaccionaba era fuerte y decidido como a los mercaderes del templo y ante la dureza de los fariseos. En El encontraban esperanza, consuelo, fortaleza, sanidad total, misericordia, paz, armonía, Alguien que deseaba el bien para ellos, una vida más humana y dichosa, más justa y fraterna. Era para todos y no para un grupo selecto, privilegiado. Ya no era creer en algo ni actos determinados sino creer en ALGUIEN que revela ALGO, mensaje creíble y deseado por todos, un Dios Padre que desea el bien para todos, que somos valiosos y amados por El. Llenaba los corazones de paz y respuesta generosa. Hoy que vivimos un tiempo de crisis religiosa necesitamos volver a las fuentes, mensaje esperanzador, sencillo, creíble para la cultura moderna. Volver a Jesús y su mensaje evangelizador. "Señor Jesús, Maestro de vida y generoso en el amor por los hombres más necesitados, aumenta nuestra fe, purifícalos de tantos agregados por el deseo de una seguridad y amor a Ti".

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